El fenómeno Trump: la victoria del neoliberalismo

       Por Jesús Iglesias. Desde que Donald Trump presentó su candidatura, los medios progresistas de EEUU (copados, muchos de ellos, por burgueses de manual) no han dejado de insistir en que la clase obrera blanca ha decidido apoyarle en masa, con lo que ellos han sido ellos los responsables del desastre. Mucho menos se ha hablado del descontento de la clase trabajadora en su práctica totalidad debido a la precaria situación económica que padecen. La periodista Sarah Smarsh, criada en los suburbios de Kansas, conoce los motivos de primera mano: “Una cobertura mediática equilibrada debería incluir más reportajes sobre el racismo y la misoginia en los barrios acomodados donde viven algunos votantes de Trump. O, en el supuesto de que se esté valorando la amargura de la clase trabajadora causada por la situación económica, también deberían publicarse reportajes sobre legisladores demócratas que en las últimas décadas han decidido destruir la red de bienestar, se subieron al carro de Wall Street y se olvidaron de los trabajadores estadounidenses cuando negociaron acuerdos comerciales internacionales”. Dicho de otro modo: se está impidiendo deliberadamente que la supuesta recuperación (vamos a dar por válido el término) llegue a las clases trabajadoras.

       Lo que se barrunta por detrás de esto es un dogma que los liberales llevan repitiendo de forma insultante desde hace décadas: los pobres se labran su propia pobreza. El fenómeno es global y el efecto ya lo estamos viendo en forma de un resentimiento hacia unas élites cada vez más insensibles con el sufrimiento de los más vulnerables. Llevado a unas elecciones, esto se traduce en optar por posiciones más radicales que atacan a esas élites. Por esto ha ganado Trump. La clase trabajadora blanca estadounidense no es un todo, no es un grupo tan homogéneo como nos lo quieren vender. No son unos idiotas peligrosos, o unos racistas ignorantes. Lorraine Berry señala directamente a los instigadores de esta creencia: “no fueron los blancos pobres, ni siquiera los blancos republicanos, los que promulgaron leyes para mantener la segregación racial o los que durante décadas observaban cómo las banderas confederadas ondeaban en los capitolios estatales. No fueron los blancos pobres los que convirtieron a los negros en criminales con leyes que prohibían la marihuana y la guerra contra las drogas. Tampoco fueron los blancos pobres los que se inventaron el fantasma de la “reina de la beneficencia para referirse a los afroamericanos”. El racismo peligroso es el que está presente en las clases altas, de las que forman parte esos conservadores forjados en universidades de élite, que financian las campañas republicanas (como la de Trump) y que no vemos gritando en los mítines.

     El triunfo de Trump es el triunfo del neoliberalismo, de una creencia que entiende que los pobres y los trabajadores son ignorantes y peligrosos, de un modelo que está a punto de destruir el tejido social que sustenta este sistema económico. Es, como dice Antonio Turiel “El fin del contrato implícito entre las élites y las masas, lo que implica el colapso social”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s