Esta navidad, hazle un regalo al planeta

       Por Jesús Iglesias. Uno de los principales axiomas ideológicos del capitalismo es que para satisfacer las necesidades hay que consumir. Dicho de otro modo, las necesidades satisfechas sin compra mediante no es consumo, no aumenta el PIB, no es relevante a nivel económico. De todo ello se sigue una conclusión bastante evidente: al sistema económico actual poco le importan las necesidades humanas. Lo único que cuenta es la rentabilidad del intercambio de  mercancías.

       La visión del ser humano como homo economicus (sujeto racional y egoísta que busca el máximo beneficio personal a través del consumo) ha sustentado durante dos siglos una estructura de poder sostenida sobre una idea falsa: la inevitabilidad del capitalismo. Si el ser humano es egoísta por naturaleza, la sociedad de mercado (con su mano invisible), es el mejor sistema posible.

       Pero las leyes del mercado no son inamovibles. De hecho, el ser humano ha vivido el 99% de su historia sin ellas. Si admitimos que las personas son también capaces (como han demostrado en el pasado) de comportamientos solidarios y responsables, podemos emplear la capacidad transformadora del consumo de forma crítica, con criterio y buscando alternativas que nos conduzcan a la senda del buen vivir y a colocar las necesidades por encima de las apariencias e imaginarios producidos por la publicidad. Me estoy refiriendo a un consumo cuyo objetivo sea la satisfacción colectiva, la preservación de la naturaleza, la inclusión de los excluidos y la promoción de una sociedad más justa y solidaria.

       La ideología del consumo, surgida de las necesidades de reproducción del capital (y modelada por las costumbres, los modos de hacer y pensar, los valores éticos y las prioridades sociales), ha llevado a las sociedades modernas a una aceleración descontrolada en el uso de bienes y servicios. Si bien uno de su principales efectos negativos es un aumento del individualismo (en el que las personas cada vez trabajan más para poder consumir más y cuyo fin de trayecto es el estrés y de la insatisfacción), el modelo actual de consumo es social y ambientalmente insostenible; mantiene, como apunta Martin Mulligan, una ilusión de variedad de elección gracias a los precios bajos logrados mediante la explotación laboral (que ha facilitado el fenómeno de la globalización), destruye los ecosistemas naturales y acelera la escasez de recursos.

 

Hazle un regalo al planeta

    En este sentido, Greenpeace ha aprovechado el frenesí navideño y ha puesto en marcha una campaña para mostrar la importancia y consecuencias de nuestros patrones de consumo para la salud del planeta. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio ambiente, en 2050 nos harán falta tres planetas para mantener los actuales patrones de vida y consumo de los países enriquecidos. La urgencia nos obliga a pasar ineludiblemente a la acción y, por ello, hemos de cambiar nuestra actitud.

      Tal como apunta la organización ecologista, las señales más preocupantes para la salud del planeta son la superación son el cambio climático, la pérdida dramática de biodiversidad y el peligro de extinción de gran parte de los polinizadores. Su campaña “hazle un regalo al planeta” busca la participación de todas las personas en un regalo común: nuestro compromiso de consumir menos y mejor. La voluntad política es crucial para cambiar el rumbo del planeta y de la humanidad, pero sigue siendo muy lenta.

         La campaña, a la que acompaña un vídeo, se centra en tres bloques temáticos: energía, cambio climático y alimentación de productos de usar y tirar. Para cada uno de ellos se presentan algunos sencillos consejos para que nuestra acción sobre el planeta sea más sostenible. Simultáneamente, Greenpeace lanza en las redes sociales su campaña bajo el hashtag #MiRegaloalPlaneta donde invita a la ciudadanía a compartir los contenidos lanzados por la organización ecologista, pero también mostrar cuál es su compromiso para que nuestra casa común sea un mejor sitio para que vivamos las personas y las demás especies.

       Como en todas las principales ciudades del Estado, también en Mallorca los voluntarios de Greenpeace han salido a la calle a hacer su regalo al planeta y compartirlo con las personas que paseaban por el centro de Palma, muchas de las cuales han inmortalizado además sus deseos de un mundo más sano, sostenible y pacífico.

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