Sobre el Decrecimiento

    “¿Hacia dónde vamos? Directo contra la pared. Vamos a bordo de un bólido sin piloto, sin marcha atrás y sin frenos que va a estrellarse contra los límites del planeta”.

Serge Latouche


       El fracaso de una sociedad basada en el crecimiento y en la destrucción de los sistemas vivos de la Tierra son los hechos apabullantes de nuestra existencia. Pero no son mencionados en ninguna parte; están vedados en los medios y silenciados en las calles. Constituyen el gran tabú del siglo XXI.

       El crecimiento económico se nos ha presentado siempre como la solución de todos los grandes problemas, un bálsamo milagroso, una panacea que resuelve todos los males y que contribuye al progreso universal del bienestar. Pues bien, nosotr@s creemos que es la fuente de muchos de los problemas que hoy se nos están presentando. Porque sólo es rentable a condición de que el peso y el precio recaigan en la naturaleza, en las generaciones futuras, en la salud de l@s consumidor@s, en las condiciones de trabajo de l@s asalariad@s y en las  poblaciones de los países del Sur. Todos los regímenes modernos han sido productivistas, todos han hecho del crecimiento la piedra angular de su sistema; por todo ello, el cambio debe venir de una revolución cultural.

       Vivimos en un mundo finito, en el cual la falacia del crecimiento continuo es imposible. Cuanto antes nos demos cuenta de ello, antes podremos poner remedio al sinsentido de la destrucción y el despilfarro. En un momento de emergencia planetaria como éste, hablar de decrecimiento cobra todo el sentido; hemos de disminuir los niveles de consumo y llevar a cabo una producción controlada y racional que respete el clima, los ecosistemas y los seres humanos. Hay que vivir con menos. De hecho, se puede vivir mejor con menos.

    Para ello debemos desaprender, desprenderse de un modo de vida equivocado, incompatible con el planeta. Se trata de buscar nuevas formas de socialización, de organización social y económica; una manera de vivir más municipalista, sobria, comunitaria y cooperativa, gobernada por fórmulas de democracia directa y amplia discusión pública. Podemos, y debemos, construir una sociedad autónoma más austera y equilibrada. Much@s dicen que es una utopía. Pero la utopía es, como bien dice Carlos Taibo, creer que es viable vivir cada vez con más y más en un planeta finito.